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2015_3227

Juan Martínez Moro, Arqueología del arte moderno.

Cuerpo, objeto y lugar en un horizonte de extinción,

Ediciones La Bahía, Santander, 2015.

Índice y primeras páginas: http://edicioneslabahia.com

Nota de prensa:

En el umbral de sustanciales transformaciones en los medios y los soportes artísticos, las artes plásticas históricas parecen adentrarse de manera inexorable en un estatus arqueológico. Sin embargo, al abrigo de una disciplina tan aventajada como es la arqueología contemporánea, esta posibilidad queda revertida en una posición insólitamente positiva, enriquecedora y estimulante, al menos desde una dúplice lectura humanista y científica. En línea paralela, con los conocimientos alcanzados y los medios de investigación existentes hoy, se hace obligado plantear aproximaciones con una temporalidad superior a la convencional del análisis histórico, como son las más profundas perspectivas que ofrecen el tiempo biológico, el evolutivo o el cognitivo. Solo un método como la arqueología, interesado en el contacto estrecho con los factores fisiológicos, psíquicos y sociales implícitos, así como con la realidad material del objeto de arte y de sus lugares, permite adentrarse en tales sendas.

En el marco de las diversas tendencias arqueológicas vigentes, se ha optado por dos enfoques escasamente presentes en la bibliografía española. Por una parte están las aportaciones de la arqueología cognitiva anglosajona, cuya principal línea de investigación se basa en la definición de un largo puente de conexión fisiológica y neurológica compartido entre el hombre contemporáneo y sus más remotos antepasados. El segundo enfoque de referencia nos lleva a recuperar a diversos autores que, desde posiciones heterodoxas de la arqueología, la historia y la teoría del arte, han establecido paralelismos entre las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX y el arte prehistórico. Entre otras cuestiones, este paralelismo lleva a hablar de la modernidad consustancial que ofrece el propio repertorio paleolítico. A este respecto se constata cómo los más recientes descubrimientos arqueológicos han ampliado de manera insospechada la gama de recursos manejados por el hombre prehistórico, algunos de los cuales pueden ser incluso relativamente asimilados desde estéticas contemporáneas y sus propuestas de receptividad y fruición asociadas. Ambos enfoques nos llevan, en todo caso, a la definición de un factor transtemporal que articula el conjunto de la presente investigación, como es el de “espectro de consciencia”, que sirve para definir el territorio de posibilidades plásticas frecuentado por el Homo sapiens moderno.

Dado que la extensión crítica del espectro de consciencia no es otro que el tema de fondo que ha dirigido el programa del arte moderno, especialmente a lo largo del pasado siglo, la precoz orientación arqueológica adoptada en este ensayo cobra aún mayor pertinencia, si cabe, como inspiración y guía en la revisión de dicho periodo del arte. Desde esta inédita óptica son abordados los principales hitos artísticos que, desde el comienzo del siglo XX hasta la llamada posmodernidad, habrían servido para definir algunos de los parámetros más relevantes del espectro de consciencia moderno. Tres son los ejes principales que articulan a estos efectos dicho estudio, por otra parte estrictamente relacionados con intereses arqueológicos: el dilema que plantea la representación de la figura humana, el concepto de cultura material y la ineludible necesidad del yacimiento. Al hilo de las sucesivas transformaciones que ofrecen las manifestaciones artísticas del siglo XX en relación a estas tres cuestiones latentes, interpretadas como procesos a la vez históricos y cognitivos, se hace palpable la presencia de un cambiante espectro de consciencia específicamente moderno que, en la antesala de la era digital, aún seguimos haciendo nuestro. Se trata de aquellos factores que afectan una relación de amplio espectro cognitivo y fisiológico entre el Homo sapiens moderno, el objeto artístico y sus lugares. A partir de ellos son propuestas vías de interpretación y de experimentación fruitiva vinculadas a lo que son, en definitiva, estéticas fenomenológicas y de la experiencia.

Frente a toda deslocalización eminentemente visual, virtual, documentalista y racionalizada en el conocimiento y en la experiencia del arte que nos ofrecen, al menos por ahora, tanto las nuevas tecnologías aplicadas al arte como la historiografía convencional, este ensayo recupera y defiende, desde una perspectiva antropológica, la necesaria pervivencia de una aproximación basada en la inalienable experiencia subjetiva, integrada y en directo, léase arqueológica, de la obra artística. Por todo ello se trata de una propuesta tan inédita como original en el marco de la bibliografía artística española.